Fría madrugada de sábado a domingo, me disponía a
abrir la puerta de mi piso, la noche había sido tranquilita y justo por eso
regresé al piso antes de lo normal, estaba deseando sentir el roce cálido de
mis sabanas en mi cuerpo desnudo, y el aliviar el dolor de mis pies.
Mi piso estaba tranquilo, casi oscuro, sin hacer
ruido cerré la puerta al pasar junto a la habitación de mi compañera de piso
Jessica cuando iba camino del mío, escuché unos ahogados gemidos,
